Vida Y Muerte Un Dilema Que Vale En Cuanto La Persona La Hace Valer En memoria al cumplimeinto del 3er aniversario de la muerte de Alberto Santos Ventura
Vida Y Muerte
Un Dilema Que Vale En Cuanto La Persona La Hace Valer
“La riqueza del que está ausente es la ausencia del dolor de lo que se vive en el presente, mientras que la gracia de su ausencia es el dolor de los presentes que guardan con amor el recuerdo de lo vivido en su mente”. Anyelo Alberto Santos Del Pilar C.P.
Vida, es lo que los seres humanos llamamos desafío en el mundo real y tangible de nuestra existencia, es aquello que da armonía y movimiento a cuanto existe, es lo que nos hace ser en el mundo, sin embargo, el aferrarse a ella no solo nos hace más débiles en cuanto a que no sabemos subsistir en los momentos más difíciles de su ausencia, pero también, ser de la vida es ser de la realidad de la que todos podamos conocer y hablar.
Por esto en el recuerdo de los seres humanos la vida es algo que lo hace ser importante en el mundo, pues, con ella puede vivencial todo lo que existe, puede sentir, puede amar, puede reír, puede gozar y definitivamente puede llorar. Estos sentimientos no solo expresan la capacidad que tenemos como ser humano de ser tangible a la alegría, al dolor y la angustia, sino que nos hacen vivencial lo que realmente somos, “seres corpóreos creado de cuerpo y alma, de materia y forma, de debilidad y fuerza, de vida y muerte”.
Hoy especialmente al plasmar estas líneas en papel llega el recuerdo de quien en mundo no hizo otra cosa que vivir la vida hasta el último día de su existencia haciendo presente los valores de su persona, un ser que marcó la historia de mucho desde la capacidad de darlo todo por el todo. En la pascua del cristianismo, Cristo, el Redentor, enseñó que la vida es un don gratificante que Dios da y que debe ser aprécialo al máximo, vivenciado en cada momento de la existencia humana, pero sin una negación al cambio, es decir, sin detener el proceso del ciclo vital en el que el ser vivo crece, se reproduce, muere y en la fe de los creyentes los humanos resucitan.
La experiencia de la vida enseña que la muerte no es el final del camino para el que cree directamente en Dios, pues para él es el paso a la vida nueva, en donde el introducirse en esta nueva vida conlleva un vaciamiento de la persona y un cambio de sustancialidad, a fin de cuenta esto es producto de la misma experiencia de quien abrió el camino y moldeo la vía para alcanzar la plenitud de esta realidad.
Hoy la vida en el mudo ha hecho ver que la muerte de los seres que importan no es solo el vaciamiento del alma y la experimentación del dolor, sino el sentido de purificación de la existencia como persona tangible de la realidad de ser en el mundo.
Al cumplirse hoy el tercer aniversario de la muerte del señor Alberto Santo Ventura un hombre del cual grata memoria se ha de recordar en mi mente como persona he podido comprender que lo que este ser vivió en el mundo, fue lo que realmente le tocaba vivir, y, no por eso se ha de forjar en una página en blanco la historia de quienes vivenciaron junto a él lo apreciado de la vida, sino que hay que construir un nuevo horizonte en la visión de ver el mundo y lo que lo conforma.
Para mucho, la pena de pasar por la muerte de un ser querido no es superable por la intimidad humana que se vive en el mundo, pues, el conocimiento de lo desconocido no deja la oportunidad abierta de que se pueda ingerir el cambio de paradigma en el ser, es decir, el paso de una realidad humana a una realidad trans-humanizante. Desde la experiencia de la muerte es donde se puede llegar a comprender la vida, pues el valor de la vida y el valor de la muerte es enigma que vale desde la realidad de la persona, ya que, el tránsito de un estado a otro es un proceso trascendente en la realidad propia de ser humano, por eso, dejar la vida fluir conlleva preparar el alma para el descenso a la muerte, desde, donde se espera resurgir para la nueva vida.
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